Publicado el 01-04-2026 en UCC

Malvinas: geopolítica y memoria

En el marco de un nuevo aniversario por los caídos en la guerra nuestro docente Pablo Wehbe* relata su viaje a las islas.

Hace dos años tuve el privilegio de estar en nuestras Islas Malvinas. Fue un viaje de una semana y hubo varias cuestiones que me sorprendieron. Para empezar, el altísimo nivel de vida de los malvinenses, gracias a que el gobierno de las islas permite otorgar licencias pesqueras y petroleras a países que están depredando las aguas del Atlántico Sur. Dentro de muy pocos meses va a comenzar la exploración y explotación del petróleo, y se cree que hay el equivalente a tres vacas muertas en el subsuelo.

En el medio de todo esto, Gran Bretaña controla unas islas que son fundamentales para la puerta hacia la Antártida, y los nuevos conflictos que van a venir en el mundo, que van a ser por recursos, tienen que ver con minerales, como los nódulos polimetálicos que están sobre la Plataforma Continental Argentina, muy fáciles de extraer, que tienen entre tres y cinco minerales, de los cuales cuatro son fundamentales para celulares y para baterías de autos eléctricos, por ejemplo, y fundamentalmente petróleo, pesca y agua dulce, que está en la Antártida.

En ese contexto, también fue un shock muy fuerte la actitud de las personas que hoy habitan el territorio. Cuando trataba de hablar con ellos, el rechazo a todo lo que sea argentino era absoluto, el destrato que sufrimos en la calle y en los comercios fue llamativo. En contraste, también llama la atención cómo los militares de esa exageradamente inmensa base que está en Mount Pleasant o Monte Agradable, tienen respeto y casi hasta admiración por los soldados argentinos.

Para ilustrar esto, jamás podré olvidar lo que vivimos durante una expedición al monte Longdon. Era pleno verano isleño, caminábamos con seis grados bajo cero y ráfagas de viento de 90 kilómetros por hora. Tras cuatro horas de ascenso, rodeados de trincheras abandonadas y artillería oxidada que dejó nuestro ejército, se nos acercó un militar británico. Al preguntarnos en inglés si éramos argentinos, nos pusimos a la defensiva; la noche anterior habíamos sufrido insultos y un intento de agresión por parte de unos jóvenes locales en un bar. Sin embargo, el hombre comenzó a tartamudear y, visiblemente conmovido, nos confesó que había combatido en esa misma cumbre durante las cruentas batallas del 12 y 13 de junio de 1982. "Quiero decirles que no tengo nada contra los argentinos, son muy dignos y los respeto mucho", nos dijo.

En ese instante, un guía de nuestro grupo me alcanzó un rosario y me pidió que se lo entregara. Cuando se lo di, el veterano británico rompió a llorar. Nos contó que, tras la rendición, le había tocado levantar los cuerpos de los soldados argentinos y que muchos de ellos habían muerto aferrando un rosario entre sus manos; rosarios que, por la Convención de Ginebra, fueron sepultados junto a ellos. "Ahora que usted me da esto, lo voy a poner en el lugar más hermoso de mi casa", dijo.

Quedamos destrozados. Esa escena en la cumbre helada resumió a la perfección la gran paradoja de las islas: el profundo y doloroso respeto de quienes vivieron el horror de la guerra frente al desprecio civil de quienes hoy las habitan.

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Bob Dogson, veterano de Reino Unido

Nuestro viaje fue solo de una semana y obviamente quedamos muy impresionados por todo lo que quedó de la guerra. Lo que puedo asegurar es que hay un antes y un después de visitar el cementerio de Darwin, no sos la misma persona después de haber caminado entre esas 237 tumbas de las cuales cinco todavía tienen el cartel que dice “soldado argentino solo conocido por Dios”.

Esa es la verdadera dimensión de Malvinas hoy: un territorio rico y codiciado por su proyección hacia la Antártida, habitado por una población que nos ignora, pero custodiado por la memoria viva de nuestros héroes. En este 2 de abril, es importante recordar que la soberanía no solo se sostiene en los mapas, en los recursos o en el derecho internacional, sino en el respeto absoluto por aquellos que dieron su vida para recuperarlas. Caminar por Darwin te cambia la vida, porque te recuerda que, más allá de la geopolítica, las Malvinas son una herida abierta y un compromiso eterno para todos los argentinos.

*Por Pablo Wehbe, profesor de la carrera de Relaciones Internacionales del Campus UCC Río Cuarto.