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Una reflexión en la crisis

Publicado el 22/10/2019 en Actualidad

Sin duda estos días han significado un período de reflexión, dolor, incredulidad y también temor para cada uno de nosotros. Hemos visto acontecimientos que no habíamos previsto ni menos evaluado en su extensión y, en particular, en su profundidad y crudeza. Desde el fin de semana pasado, estamos frente a la principal crisis institucional producida desde el retorno a la democracia. Es así como hemos visto en los últimos días, diversos actos de violencia y vandalismo que han destrozado propiedad pública y privada, afectando de manera especial a nuestra población más vulnerable. El orden público ha sido seriamente afectado, creando caos y temor, en especial en barrios en donde vive la gran clase media y sectores de nuestra ciudad y del país con mayores necesidades. Esto ha producido un gran daño y fractura en nuestro tejido social.

También ha sido evidente que junto a estas acciones de violencia, en particular en los últimos días un grupo significativo y creciente de la población se ha manifestado de manera pacífica y masiva, demostrando su legítima molestia por la desigualdad, los variados casos de abuso que hemos conocido desde hace meses, las expectativas económicas no cumplidas y la precariedad de sus salarios e ingresos mensuales. Así, las preocupaciones incluyen las bajas pensiones, la falta de acceso a una vivienda digna, a la salud y a los medicamentos, a caer nuevamente en la pobreza que hace unos años habían superado, junto a otras incertidumbres que afectan a las familias de nuestro país.

Para enfrentar esta grave crisis, pienso que se requiere con urgencia un nuevo acuerdo país. En el día de ayer hemos conocido que desde hoy se reunirán los principales dirigentes de los partidos políticos con el gobierno para avanzar en el análisis, evaluación de los temas a abordar y en especial propuestas a desarrollar. Este trabajo debe tener el análisis y seriedad que se merece el problema que hoy enfrentamos, evitando por una parte presiones y reacciones apresuradas que no corresponden, pero también con el sentido de urgencia que nuestra población reclama. A continuación detallo algunas propuestas de acción.

Creo que, en primer lugar, de manera firme y sin ambigüedades todos debemos condenar los actos de violencia y vandalismo. En este sentido, se requiere que el gobierno actúe de manera humilde y prudente en sus declaraciones -evitando exacerbar los ánimos-, a la vez que, de forma consecuente, implemente medidas para proteger a la población, cuidando las formas de control del orden púbico, con una ciudadanía que debe respetar a quienes representan la mantención de la seguridad y el orden en el país. Segundo, es crucial que el gobierno escuche atentamente la molestia y el dolor de la población, en especial de los grupos que aún están inmersos en la pobreza y de los que pertenecen a una clase media con grandes expectativas no resueltas. Estos son los sectores que han demostrado de manera pacífica su frustración, y a los cuales hay que entregar una respuesta concreta a sus necesidades.

En tercer lugar, creo que es necesario cuidar nuestras instituciones, en las que se basa la democracia y las que han sido clave en el desarrollo que hemos tenido en nuestro país. No es posible sacar pequeñas ventajas y cálculos políticos mezquinos en este momento, ya que la situación amerita unidad y crear espacios de confianza. Todos los representantes de nuestro parlamento debieran participar de manera activa en avanzar en propuestas de solución para esta crisis. Nadie puede restarse de esta gran responsabilidad. Por lo anterior, y en cuarto lugar, es necesario iniciar de manera decidida un amplio diálogo con gran capacidad de escucha y generación de confianzas, que sea cercano y empático con la ciudadanía. Se deben crear las condiciones para saber cuáles son realmente las necesidades, los temores y las dolencias de la población, antes de entregar propuestas y soluciones. Sin duda este diálogo debe incluir a todos los sectores, es decir, al gobierno, parlamento, partidos políticos, trabajadores, sector productivo, a las comunidades universitarias, gremios y sociedad civil, entre otros actores de la vida nacional.

En estos días en que nuestro país presenta estos desafíos, es vital entender las causas de fondo de este malestar social que se ha expresado lamentablemente con acciones violentas, pero también con la fuerza y convicción de una ciudadanía que de manera pacífica quiere satisfacer sus reales necesidades. Así, la desigualdad, los bajos salarios, la incertidumbre en temas de salud y pensiones son temas que se deben abordar de manera prioritaria, con responsabilidad y también con sentido de urgencia. De esta manera, producto de este trabajo, urgen propuestas concretas para beneficio de nuestra población.

En este diálogo y acuerdo país, la UC estará siempre disponible a producir un encuentro, para constituir un espacio de expresión de ideas diversas y complementarias que ayude a buscar nuevos caminos de verdad. Estoy convencido que el desarrollo de un futuro sustentable de nuestro país está en juego. Es claro que este nuevo acuerdo país no puede esperar, en bien de Chile y de su pueblo. Con esperanza y fe en nuestro Señor y con el trabajo dedicado de toda nuestra comunidad universitaria nos proponemos esta tarea. Les agradezco su permanente apoyo y compromiso institucional.


Por Ignacio Sánchez D., rector de la Universidad Católica de Chile

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