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Fiesta de San Ignacio de Loyola

Publicado el 28/07/2009 en Institucional

Este viernes 31 de julio es la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Si bien acostumbramos recordarlo de manera particular en la “semana Ignaciana” en octubre, haciendo memoria del comienzo de su vida universitaria, quisiera hoy acercarme a ustedes con algunas reflexiones acerca de su vida y su incidencia en nuestra vida universitaria...

Por lo general, se asocia la imagen de Ignacio de Loyola con la de un soldado que dejó de militar para el rey de España y comenzó una “milicia” (la Compañía de Jesús) al servicio de Cristo. Los estudios un poco más profundos revelan claramente que esto no es así.

Ignacio de Loyola no era propiamente un militar. Era un noble de la época dado a “las vanidades del mundo” (según lo dice al comienzo de su autobiografía), que –como él mismo dice- “se deleitaba en el ejercicio de las armas”, como era común en los nobles de la época. De hecho, su única experiencia militar – la defensa de la fortaleza de Pamplona- concluye con su grave herida en las piernas, que será ocasión de una larga convalecencia exterior e interior. De allí le surgirá con fuerza un nuevo deseo: servir a Dios “ayudando a las almas”. Ya no será más un noble con deseos de ganar honra para sí, sino que se transformará en el “Peregrino”, como él mismo se llama a lo largo de su propia autobiografía.

Su peregrinar fue largo: peregrinó en busca de Dios y del mejor modo de servirlo. Peregrino interior y exterior (Alcalá, Salamanca, Barcelona, Tierra Santa, Paris, Venecia, Roma, están entre las etapas más importantes de su camino exterior). Ese camino exterior marca los derroteros interiores de búsqueda de Dios y del mejor modo de servirlo. No será extraño que –años después- la patrona de los primeros jesuitas sea “Nuestra Señora del Camino”.

Ese peregrinar –en el que se dedicaba a hablar de Dios mediante la catequesis y los Ejercicios espirituales, a servir a los pobres y hacer oración- le trajo dificultades: el Peregrino debió afrontar ocho procesos de la Inquisición. En diversas ciudades su acción apostólica despertaba la fe del pueblo y las suspicacias de los Inquisidores. El Peregrino salió airoso de los ocho procesos, pero eso lo decidió a estudiar para tener un título que respaldara lo que predicaba, y para poder ayudar mejor a las personas, con más fundamento. Así se decide a estudiar en la Sorbona, hasta lograr el título de Maestro en Artes (el equivalente a un postgrado en Teología). En Paris conoce a los que serían los primeros jesuitas, los primeros “Compañeros de Jesús”: Francisco Xavier, Pedro Fabro, Joan Coduri, y otros. Con ellos irá a ponerse a disposición del Papa para ser enviados a donde haya más necesidad.

En este punto conviene aclarar otro equívoco: el nombre que eligen para designarse: “Compañía de Jesús”, tampoco tiene una connotación militar, al menos originariamente. Se designan de esa manera ya que ellos eran compañeros y no tienen más jefe que Jesús, de ahí que se definen como “Compañeros de Jesús”1 . La Compañía de Jesús surge como un grupo de hombres que sólo tienen a Jesús como Jefe. Son “cum panis” los que comparten el Pan, como lo sugiere la etimología de la palabra. Los que comparten el Pan con Jesús y en Jesús; “sacerdotes pobres y doctos” decía Ignacio de los jesuitas, que comparten el Pan de la Palabra de Dios con los hombres y mujeres de su tiempo, en el lenguaje de su tiempo.

Estas someras pinceladas de la vida de Ignacio de Loyola pueden ayudarnos a reflexionar acerca de muchas cosas. Propongo solo algunas:

Peregrinos y Compañeros: estas palabras, nos ayudan a entender tal vez un poco mejor la misión de la Compañía de Jesús y de sus obras apostólicas.

La Compañía de Jesús intenta estar a la escucha de la Voz de Dios en los diversos momentos históricos; como “peregrinos” intentamos descubrir las huellas de Dios en este mundo complejo y fascinante. El Peregrino siempre está en camino, nunca cree haber llegado definitivamente. Por eso los jesuitas, en el corazón de la Iglesia transitamos caminos de frontera, diversos caminos de búsqueda, de diálogo con el mundo de la cultura, de la ciencia, de las luchas sociales, de los derechos humanos, del diálogo interreligioso, etc.
Lo hacemos como Compañeros, en comunidad; compartiendo el Pan de la Fe, y el Pan de la Palabra de Dios.

Si reflexionáramos acerca de lo que puede significar para nosotros, miembros de una comunidad universitaria jesuita, podríamos decir que como Universidad Jesuita, somos herederos de Ignacio “el Peregrino”. Por eso buscamos por los caminos del conocimiento, la cultura y las ciencias el modo de servir a Dios. Peregrinamos en busca de la Verdad. No somos sus poseedores, ni mucho menos sus dueños. El lema de nuestro escudo universitario, “la verdad os hará libres” nos impulsa a buscar la verdad concientes de que es un camino arduo en el cual somos Peregrinos.

Somos, también, compañeros de camino, compañeros de Jesús y en Jesús (más allá de que no todos compartamos la misma fe). Intentamos escuchar la voz de Dios que nos llama desde la realidad, en particular desde las realidades de los que sufren. Buscamos compartir el Pan del conocimiento, de la investigación, de la docencia, del estudio, para ayudar a saciar el hambre de muchos hombres y mujeres hambrientos de pan y de conocimiento y de las consecuencias del conocimiento que pueden resultar beneficiosas para mejorar su calidad de vida. El conocimiento que investigamos y que enseñamos tiene una finalidad clara. No sólo buscamos el saber como fin en sí mismo: aprendemos, enseñamos, investigamos, para servir, para responder a una sociedad que necesita lucidez para resolver sus problemas de exclusión, injusticia, falta de acceso a los bienes básicos.

En ese peregrinar (que en la UCC ya lleva 53 años desde su fundación) buscamos inspiración en Ignacio de Loyola, para amar y servir en todo. Compartimos el pan del conocimiento, en muchos casos compartimos también el Pan de la fe en el que es Pan de Vida, y -con todos- compartimos cada día el pan de la Esperanza de que –como dice la oración de la UCC- “haciendo cada uno lo que debe” vamos construyendo un mundo un poco mejor.

Que Dios los bendiga.

Con sincero afecto.

P. Rafael Velasco, sj
Rector

1 En lo que se conoce como la “Deliberación de los primeros padres” de 1539, relatan cómo se deciden por el nombre “Compañía de Jesús”.

 

 

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