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Washington y Beijing

Publicado el 30/07/2020 en Noticias UCC

Evitar un mayor aislamiento global, no quebrar la relación económica, impedir la división en bloques rígidos. Estas son algunas de las premisas que guían el accionar de Beijing, embarcada en una puja económica, tecnológica, diplomática y, según algunos analistas internacionales, posiblemente militar con Washington. Para China el enfrentamiento con Estados Unidos no solo no es deseable, como han expresado los portavoces del gobierno, sino que además tiene un costo económico y simbólico muy alto.

No obstante, las acciones del gobierno de Donald Trump no dejan espacios para la duda: la provocación se ha vuelto moneda corriente en esta lucha por mantenerse en el epicentro global.

En un nuevo episodio de la escalada diplomática entre ambas potencias, Washington ordenó cerrar el consulado chino en Houston, Texas, dando apenas 72 horas a los 60 funcionaros para desalojar el edificio. Según el jefe de la política para el Este de Asia y el Pacifico del Departamento de Estado, David Stilwell, los diplomáticos chinos "tuvieron un comportamiento subversivo". China tiene cinco consulados en los Estados Unidos, y el de Houston se encontraba funcionando desde 1979.

La Administración Trump acusa al cónsul general, Cai Wei, de haber incurrido en un delito federal por utilizar documentos de identificación falsas el 31 de marzo pasado, cuando regresó a China junto a otros dos diplomáticos en plena pandemia. A su vez, Stilwell aseguró que el consulado estaría ligado a supuestos intentos de adquirir información de manera ilícita sobre los avances de empresas norteamericanas en la búsqueda de la vacuna contra la COVID-19. Y en un tono más desafiante aún, voceros del Departamento de Estado afirmaron que cerraron el consulado para "proteger la propiedad intelectual estadounidense".

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Beijing respondió con la clausura del establecimiento diplomático estadounidense en Chengdu, operativo desde 1985. Aunque algunos analistas preveían la clausura del consulado estadounidense en Hong Kong, la represalia del gobierno de Xi no fue tan grande como se esperaba, e incluso solicitó a Estados Unidos re encauzar las relaciones.

Según el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular, "la actual situación entre China y Estados Unidos es algo que China no desea ver, y Estados Unidos es totalmente responsable de ello".

La cautela de China, que contrasta con el tono desafiante de su contraparte, no es una elección casual ni una muestra de debilidad. El dilema chino es que, a pesar de su indiscutible poder económico que tiene cada vez mayor peso global, su potencia aún no se compara a la de los Estados Unidos, ni lo hará en un período cercano. Las preocupaciones vinculadas a las necesidades internas (crecimiento económico, recursos para el desarrollo, sobreproducción, y estabilidad política) siguen concentrando la atención de la cúpula del ejecutivo y guiando las acciones de política exterior de Xi. La relación con Estados Unidos entra en esta cosmovisión, y no es de sorprender que Beijing prefiera bajarle el tono al enfrentamiento, porque la escalada puede ser más perjudicial que beneficiosa en el corto plazo.


Por Florencia Rubiolo y Gonzalo Fiore Viani. Docentes del Doctorado en Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba.

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