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Pirotecnia

Publicado el 15/12/2015 en Actualidad

Si hay algo que caracteriza a los festejos de Fin de Año son los fuegos artificiales. Luces y ruidos, sobre todo ruidos, son considerados sinónimo de celebración y alegría. De hecho, también son utilizados en fiestas, eventos deportivos, políticos, entre otros.

Ahora bien, y sin ánimo de desincentivar el espíritu festivo, si realmente tomáramos conciencia de sus efectos, deberíamos buscar otras formas de celebrar. La pirotecnia provoca consecuencias perjudiciales, y hasta fatales, para el medio ambiente, la salud humana y animal.

Las sustancias que despide la pólvora al quemarse, aun cuando sea en pequeñas proporciones, contaminan. El plus de las luces y los colores requiere químicos que se alojan en el suelo y las aguas. Sin mencionar el humo y la basura que dispersan, y los riesgos de incendios. 

En cuanto a la salud, son comunes los casos de quemaduras, mutilaciones e intoxicaciones a causa del uso de artefactos pirotécnicos. Según el Dr. Ricardo Fernández, docente de las cátedras de Pediatría II y de Ecología y Saneamiento Ambiental de nuestra Facultad de Medicina, una mala manipulación puede provocar explosiones fortuitas, con amputación de partes de la mano e incluso daños mayores. “La mayoría de las lesiones se presentan con mayor frecuencia en las manos y dedos, ojos, cabeza y la cara, por el acercamiento de estas partes del cuerpo al encender los artefactos”, sostiene.

De hecho, hay artificios que se encuentran prohibidos, como aquellos que implican riesgo de explosión en masa, por ejemplo los rompeportones, o los de trayectoria incierta como los buscapiés. Aun aquellos que creemos más seguros, como las estrellitas y bengalas, son peligrosos porque las chispas pueden prender fuego la ropa y causar heridas en los ojos, advierte Fernández.

Por su parte, los efectos en los animales son diversos y de diferente intensidad y gravedad. La pirotecnia genera en ellos taquicardia, temblores, falta de aire, náuseas, aturdimiento, pérdida de control, miedo y muerte. Estas alteraciones provocan en su conducta intentos de escapar descontroladamente. 

No solamente afecta a los animales domésticos, sino también a los silvestres. Las aves, por ejemplo, reaccionan frente a los estruendos con taquicardias que muchas veces son fatales. 

El Dr. Omar Robotti, profesor de Etología Clínica de nuestra Facultad de Ciencias Agropecuarias explica que la especie doméstica más afectada es el perro. “No hay predisposición de raza, sexo o edad y muchos padecen fobia a la pirotecnia que, a diferencia del miedo, se trata de una respuesta exagerada, desmedida, anormal y patológica a cierto estímulo conocido”, comenta. Robotti sostiene que, como cualquier otra patología del comportamiento, esta fobia tiene tratamiento y aconseja durante los estruendos “evitar reforzar la conducta de miedo como acariciar o alzar, no castigar a la mascota y de ninguna manera atarla porque puede causarle la muerte o traumatismos graves”.

Lamentablemente parece que no basta con saber que el uso de pirotecnia es una actividad de alto riesgo y con consecuencias nefastas para el medioambiente y la salud, igual se sigue utilizando. En respuesta a ello muchos lugares del mundo ya cuentan con leyes o normativas para prohibir su venta y fabricación como algunos estados de Estados Unidos, ciudades de España, Holanda y Chile. En nuestro país son muy pocas las provincias, como Ushuaia, que cuentan con leyes, la mayoría son localidades o municipios que han decretado ordenanzas. De todas maneras, aún así, no se cumplen.

Los fuegos artificiales pueden resultar muy atractivos, pero con un costo muy alto (incluso económico). Una forma de evitar los riesgos de la pirotecnia, que es ciento por ciento efectiva y segura, es buscar otra forma de festejar y celebrar. 

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