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Para cambiar hace falta convicción y compulsión

Publicado el 22/06/2017 en Noticias UCC

Días atrás el profesor español Enrique López Viguria, secretario general de ESADE Business School, visitó nuestra Universidad y presentó su tesis doctoral bajo el título La misión universitaria de la Compañía de Jesús. Un estudio exploratorio sobre el perfil de los egresados de sus escuelas de negocios en España.

Hablamos con él sobre algunos de los elementos centrales de su trabajo.

–¿Cuál es la misión de la Compañía de Jesús en la formación universitaria?

– La misión de la Compañía en este campo está sintetizada en lo que conocemos como paradigma Ledesma-Kolvenbach. Este paradigma surge de un mensaje que dirigió el P. Peter Hans Kolvenbach SJ —Superior General de los Jesuitas entre 1983 y 2008— al consejo directivo de Georgetown en 2007.

Kolvenbach estaba muy interesado en recuperar esta idea de cuál era el propósito de los jesuitas en las universidades. Inmerso en ese proceso, descubrió y puso en valor los postulados del P. Diego de Ledesma SJ, teólogo y pedagogo del S. XVI, quien acuñó la estructura cuatridimensional de este modelo. Así, expresa estas ideas en cuatro voces latinas: utilitas, humanitas, iustitia y fides, que son el corazón de la presencia de los Jesuitas en la educación.

–¿En qué consiste cada una de ellas?

–En el S. XVI, Ledesma escribió que los Jesuitas estaban en la educación, porque "provee a la gente con muchas ventajas para la vida práctica". A esto el P. Kolvenbach lo llamó utilitas. Los Jesuitas están en la educación para formar personas competentes, que conozcan bien su oficio y profesión y que la ejerzan con dignidad y calidad.

Para Ledesma, la educación contribuye también al "correcto gobierno de los asuntos públicos y a la apropiada formulación de leyes". En un contexto contemporáneo, Kolvenbach entiende por asuntos públicos a todos los  que tienen que ver con el quehacer humano, ya sean en el contexto de una organización, de una empresa o de una actividad profesional.  Por eso habla de iustitia, entendida como trabajar por el bien común, para la convivencia y para las mejoras de la sociedad.

Se trata por tanto de promover una educación orientada a construir estructuras sociales, económicas y políticas que defiendan nuestra común humanidad, y que se implanten allá donde sea necesario actuar en beneficio del común, pero sobre todo, de los más desfavorecidos.

Educar, afirmaba Ledesma, da "decoro, esplendor y perfección a nuestra naturaleza racional". Eso para Kolvenbach es humanitas. Trabajar para formar no solo personas ilustradas, sino personas con convicción y con un consistente anclaje ético. Desde el potencial de la tradición de la Compañía, se podría decir, personas más humanas.

Fides, por su parte, es la expresión que usa Kolvenbach para referirse al fin último del ser humano.  Desde una visión religiosa —como la planteada inicialmente por Ledesma— ese fin último es hacer el bien, estar al servicio a los demás. Por tanto, para Kolvenbach "fe" representa la búsqueda de la verdad.

La clave de una educación jesuita está centrada en la figura de Jesús. En cómo Jesús encarna una auténtica visión de humanidad y de dignidad, de vivir para servir a los otros, para mejora la vida de las personas y la vida en común.

–¿Cómo se materializan estos principios en los estudiantes y egresados de las universidades jesuitas?

–Los egresados de nuestras universidades deben tener ciertas características.  Quien mejor lo expuso fue el P. Adolfo Nicolás SJ —General de la Compañía entre 2008 y 2016— a través de lo que llamamos coloquialmente como las cuatro C: competentes, comprometidos, conscientes y compasivos. Cada una de esas virtudes, refleja los postulados del paradigma.

Utilitas sería ser competente; iustitia es compromiso… con la sociedad, con mi equipo de trabajo, con mi familia. Nuestros egresados deben ser capaces de prometer y de cumplir lo que prometen.

Consiente está ligado al concepto de humanitas. Nuestros egresados deben ser capaces de entender su tiempo, su espacio, su circunstancia vital, la de su comunidad, la de su empresa, y ser capaces de reflexionar y actuar al respecto.

Por último, compasivo viene de cum pasos, es decir, de caminar con el otro. Para eso hace falta dejar de lado el ego y pensar y sentir en el otro. Si no tenemos eso, no podemos construir nada.

Conseguir todo esto no es algo precisamente fácil, pero lo peor que podemos hacer desde las universidades jesuitas es no intentarlo. Muchas veces pareciera que el de la Universidad, es un mundo sobre una torre de marfil, ajeno y lejano a la realidad económica y social del mundo, sobre todo de la de los más desfavorecidos. Pero yo creo que de lo que se trata, es justamente de generar en nuestros estudiantes conciencia de la realidad en la que trabajan, de manera puedan instalar preguntas, instalar dinamismos que permitan la reflexión, que les permitan acercarse a una solidaridad bien informada.

Para cambiar las cosas hace falta convicción y compulsión. La primera la tenemos, pero tenemos que poner todavía más energía en llevarla a la práctica.

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