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Mujeres: por más igualdad y más derechos

Publicado el 08/03/2016 en Noticias UCC

Si desde hace siglos que las mujeres pelean por mayor inclusión, igualdad salarial, política y social –entre muchas otras luchas- es porque todavía no lograron que se respeten sus derechos. Distintos hechos históricos protagonizados por valientes y perseverantes mujeres consiguieron avanzar en esta reivindicación que ha conseguido muchos reconocimientos pero que, lamentablemente, todavía quedan muchos por alcanzar.

¿Por qué el 8 de marzo?

Quizá el hito más conocido hace referencia a la muerte de 146 mujeres en 1908 en una fábrica textil de Nueva York como consecuencia de un incendio. El mismo fue provocado ante la negativa de abandonar el encierro que utilizaban como método de protesta por los bajos salarios y las miserables condiciones de trabajo. Pero fueron varios los antecedentes que llevaron a que en 1910, durante un Congreso Internacional de Mujeres Socialistas, se propusiera el 8 de marzo para homenajear a quienes llevaron adelante las primeras acciones de mujeres trabajadoras organizadas contra la explotación capitalista. En 1977 fue reconocido por la Organización Mundial de la Salud como el día internacional de la mujer. Con el tiempo esta fecha fue perdiendo su carácter obrero y ha cobrando fuerza en todo el mundo para reconocerse como una jornada de reclamo por los derechos de todas las mujeres en todos los ámbitos.

Derechos ganados

Si bien el feminismo reconoce desde épocas muy antiguas los movimientos de emancipación y reconocimiento de derechos, Lucía Riba ubica la aparición de las más contundentes demandas de igualdad sexual en torno a la Revolución Francesa. La docente de nuestra Facultad de Filosofía y Humanidades quien tiene a cargo el seminario de investigación sobre género, feminismo, sexualidad y religión hace un recorrido histórico hasta nuestros días y comienza por  destacar a Olympe de Gouges, que en 1791 escribió La Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana. “Finalmente fue guillotinada demostrando que la proclama de  ´ libertad, igualdad y fraternidad´ no llegaba de la misma manera a varones y mujeres”, lamenta mientras suma a la lista a Théroigne de Méricourt, Madmoiselle Jodin y Mary Wollstonecraft quienes “también creyeron en la revolución pero sus luchas y escritos fueron silenciados e invisibilizados por una historia androcéntrica y patriarcal, como si pudiese escribirse sin las mujeres”.

Pero para Riba el feminismo aparece por primera vez como un movimiento social de carácter internacional, con una identidad autónoma teórica y organizativa en el siglo XIX en el cual se destaca particularmente el movimiento sufragista. “Tendría que pasar la primera guerra mundial para que, recién en 1928, las mujeres inglesas pudieran votar en igualdad de condiciones.  Por su parte, las mujeres socialistas comenzaban a explicitar que no se podían proclamar proyectos sociales igualitarios sin tener en cuenta a la mitad de la humanidad: las mujeres”, advierte y destaca, entre ellas, a Flora Tristán que en su obra Unión Obrera (1843) dedica un capítulo a exponer la situación de las mujeres y propone entre sus proyectos de reforma la educación de las mujeres. Ya el siglo XX ubica a Simone de Beauvoir, con su obra El Segundo Sexo, como  una referente fundamental del clima que se avecinaba. “Es que no bastaba con conseguir el sufragio y el reconocimiento de otros derechos. Se trataba de reconocer como problema político ´la mística de la femineidad¨ que identifica a la/s mujer/es con madre y esposa”, puntualiza Riba.

Con respecto a las pioneras argentinas destaca en nuestro país a la escritora Juana Paula Manso (1819-1875) considerada por muchos la primera militante feminista argentina. Escribió el primer compendio de historia argentina y fue autora de novelas históricas donde denunciaba la situación de los más postergados de la época, la infancia y las mujeres. También suma a Cecilia Grierson (1859-1934), la primera médica argentina, graduada en 1889 quien antes de recibirse, en 1886, fundó la Escuela de Enfermeras del Círculo Médico Argentino; a Julieta Lanteri (1873 - 1932), quien optó por estudiar Medicina, una profesión vedada entonces a las mujeres, y junto con Grierson fundó la Asociación Universitaria Argentina. Por su parte Elvira Rawson de Dellepiane (1864-1954) fue la segunda mujer en recibirse de médica en nuestro país y una destacada luchadora feminista. “Esta forma institucionalizada de trabajo feminista continúa en el Centro Unión feminista Nacional, presidido por la excepcional Alicia Moreau de Justo; permanece en 1918 en la Asociación Pro-derechos de la Mujer en busca de los Derechos Políticos y en 1930 con la asociación Argentina del Sufragio Femenino”, resalta Riba.

En 1947 se promulga la Ley de Derechos Políticos para las mujeres de la mano de Eva Perón y ya para los años ’60 la repercusión de los acontecimientos norteamericanos y europeos se hace sentir en nuestro país. La “liberación” de las mujeres de ese tiempo se concretó en la posibilidad para las mujeres de separar sexo de maternidad, detalla Lucía. En los años ’70 los temas de libertad y de igualdad se acallaron con la dictadura y en los ’80 la democracia trajo nuevos aires entre los que Riba resalta el inicio de las historias de mujeres, los estudios académicos sobre y desde los feminismos y movimientos prácticos como grupos de mujeres que se unen en los barrios y en las villas. De los ’90 en adelante ya la movilización femenina parece imparable. En este sentido señala la Ley de Cupos en el Congreso Nacional, la Ley de Divorcio Vincular; la Ley de Patria Potestad Compartida y la Ley de Salud reproductiva en el gobierno de la Capital; la preparación y asistencia a las reuniones de El Cairo y Beijing, desde el Estado y las ONGs; la creación de la Subsecretaría de la Mujer y de las Comisarías de la Mujer (finalmente desactivadas en su mayoría); también la organización de los Congresos Anuales de Mujeres Auto-convocadas y periódicas reuniones feministas nacionales e internacionales; la creación de redes de mujeres y la introducción en todos los ámbitos académicos y populares de los estudios de género. “Hoy, ya en el siglo XXI, a pesar de lo mucho que falta por hacer a este respecto, podemos decir que las problemáticas de género están instaladas en las universidades, los medios de comunicación y la sociedad en su conjunto”, celebra Lucía Riba.

Derechos pendientes

Luego de 100 años de luchas por la reivindicación de la mujer en la sociedad y por la igualdad de género se pueden ver algunos frutos. Hoy las mujeres tienen más acceso a la salud, a puestos de trabajo, a cargos políticos, ha disminuido la mortalidad materna, más niñas acceden a la educación, entre otros. Pero los porcentajes con respecto a los varones y su alcance todavía es insuficiente. Así lo entiende la especialista en estudios de género, Mabel Busaniche cuando asegura que aún no podemos decir que estas reivindicaciones pertenecen al pasado porque “hay más mujeres que tienen acceso al estudio, al trabajo, a la política porque algunas concepciones culturales se han ido superando, pero –como nos muestra la realidad- esas oportunidades no incluyen a todas. Aún estamos lejos de la igualdad, de la equidad plena porque la brecha de género sigue existiendo”, advierte la presidenta de la fundación Fondo de Mujeres del Sur.

Lamentablemente todavía existen (y muchas)  mujeres y niñas que sufren discriminación y hasta violencia basada en la tradición, la cultura y la religión, incluso la superstición. Aberrantes prácticas como la mutilación genital femenina, violaciones correctivas, la pena de lapidación pública, el matrimonio infantil, son solo algunas de las llamadas prácticas nocivas  que no solo son  practicadas y toleradas por la sociedad a la que pertenecen sino por todos en general cuando se conoce y no se hace nada en concreto por evitarlo. Por otro lado, y sin irnos tan lejos, cada vez son más los casos de mujeres que mueren a causa de la violencia de género. 

Al respecto Busaniche explica que patrones patriarcales impulsan a creer que puede disponerse de los cuerpos y las vidas de las mujeres y que este tipo de violencia comienza con la falta de libertad de las mujeres de decidir sobre sí mismas. Sin embargo afirma que a pesar de estas duras descripciones, sería insustancial no reconocer algunos avances en la reivindicación de derechos,  avances que han sido sólo producto de la constante lucha de un movimiento de mujeres que, en medio de la adversidad y con mucha creatividad, ha sabido sortear numerosos obstáculos y sus logros siguen aportando al cambio cultural del conjunto de la sociedad.

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