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Ley de Dislexia

Publicado el 03/11/2016 en Noticias UCC

Entrevista a Alberto Fernández, docente, investigador y director del proyecto Estandarización y confiabilidad del test de velocidad de denominación para la detección temprana de dislexia.

Finalmente, las Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA) serán contempladas por la Ley Federal de Educación 26.206. La disposición logró la sanción definitiva en Diputados y ya contaba con la de la Cámara de Senadores.

¿Cómo aborda la ley esta problemática?

La ley aborda lo que se llama dificultades específicas del aprendizaje que son dislexia, disgrafía y discalculia. La primera tiene que ver con la lectoescritura, la segunda específicamente con la escritura y la tercera con los cálculos (sumas, restas, etc). En su fundamentación, se especifica que tiene un origen neurobiológico, lo que implica que son niños que disponen de todos los elementos adecuados y a pesar de eso les cuesta aprender. Lo aclaro porque esto se presta a bastante confusión. Hay chicos que pueden tener problemas en el aprendizaje porque van poco a la escuela, o trabajan, o porque tienen poca estimulación. Eso no es dislexia.

¿Cuál es el porcentaje de chicos que tiene este problema?

No hay estadísticas ciertas, pero se estima que entre un diez y un 15 por ciento, que varía de acuerdo a los criterios que se utilicen. En el caso de disgrafía y discalculia se habla de un cinco por ciento aproximadamente.

¿Cuáles son sus consecuencias?

Son múltiples. A nivel académico, al no poder leer, al niño se le dificulta copiar y todo lo que tiene que ver con la comprensión de los textos. Les cuesta aprender o entender y como consecuencia su rendimiento es bajo. Si la maestra no está preparada para identificarlo posiblemente le exija cosas que no puede hacer. Puede quedarse de grado o pasar sin haber adquirido los conocimientos necesarios. A nivel personal, el niño tiene frustración y baja autoestima porque no puede lograr los objetivos que se le plantean. Todo esto, si no se trata, puede ocasionar repitencia o abandono de la escuela. A nivel familiar, produce mucho estrés porque los padres no saben cómo proceder con un niño no quiere hacer las cosas y presenta rechazo a la escuela.

¿Cuáles son los signos que pueden indicar que hay que estar alerta o realizar una consulta?

El diagnóstico solo puede realizarse cuando el niño está aprendiendo a leer, pero hay indicadores previos que pueden ayudar a detectarlo. A nivel conducta, puede ser que le cueste el lenguaje a nivel oral, particularmente determinar los sonidos de las palabras, hacer rimas o escribir su nombre. Otro signo importante tiene que ver con los antecedentes familiares porque la dislexia tiene un fuerte componente genético.

Mucho tiempo se creyó que los chicos que hacen las letras al revés tienen dislexia pero es un signo que no es indicador. Lo hacen muchos chicos que tienen y no tienen dislexia.

Se diagnostica con tests específicos para la lectura que realizan psicopedagogos o psicólogos especializados en el tema. Lo que ocurre en general, es que cuando el niño tiene un problema se lo lleva al neurólogo que hace un electroencefalograma y encuentra todo normal.

¿Cuáles son las posibilidades de tratamiento?

No se trata con medicación, sino con técnicas de estimulación específicas para la lectura que realizan psicopedagogos o psicólogos. Muchas veces se asocia más a lo emocional que al aspecto cognitivo y eso es un error porque la cuestión emocional suele ser el corolario.

Si no hay acciones concretas para mejorar esta dificultad, esta no mejora espontáneamente y además es crónica. Con el tratamiento, puede mejorar, pero esto va a depender de varias circunstancias entre ellas la gravedad de la problemática, el momento de la intervención, el compromiso de los padres y la personalidad del niño.

¿Qué procesos facilitarían encontrar soluciones?

Para empezar, capacitar a los docentes de nivel inicial para la detección temprana. Muchos ya tienen un ojo entrenado y están atentos a estas cosas.

Nosotros proponemos un test para la detección temprana de la dislexia que está basado en figuras que los chicos conocen y tienen que nombrar. El tiempo que tardan en nombrarlas, me determina de alguna manera una tendencia a este tipo de problemática. En la actualidad, estamos desarrollando otras pruebas complementarias que tienen que ver con la conciencia fonológica: por ejemplo que haga rimas o determine sonidos dentro de una palabra. No se trata de hacer un diagnóstico sino de identificar factores de riesgo. Es más una cuestión preventiva, porque la detección permite hacer una intervención temprana.

¿Qué implica la aprobación de la ley?

Implica por un lado una mayor capacitación a los docentes para la detección temprana, y la implementación de medidas sistemáticas de detección, lo cuál es un avance importante. Por otro lado, la obligatoriedad de las obras sociales de reconocer los tratamientos.

¿Por qué le parece que ha pasado tanto tiempo para que se aborde la temática mediante una ley?

Es posible que sea porque esto tiene un origen neurobiológico y en las últimas décadas predominó un abordaje más mentalista o desde el punto de vista de lo emocional. Entonces, muchas veces este problema es como que quedaba sub diagnosticado porque no había herramientas ni el abordaje teórico adecuado. Pero desde hace diez o 15 años el tema de las neurociencias ha tomado mayor importancia y además, hay políticas más inclusivas en el ámbito educativo.

¿Cómo se aborda desde el sistema educativo?

El niño necesita un tiempo distinto y una intervención más profunda para aprender. Lo que yo creo es que esta problemática se debe diagnosticar y abordar desde el gabinete psicopedagógico de la escuela donde a su vez debería recibir el tratamiento todos los días. La realidad es que se aborda fuera de la escuela con un profesional que lo puede ver una o dos veces por semana pero esto no está especificado en la ley. Habrá que ver cuánto se hace realidad de esta ley, los efectos más inmediatos serán la cobertura de los tratamientos por las obras sociales. Después, será lo que el Estado pueda organizar para la implementación como campañas de detección temprana o capacitación docente, pero eso ya es más complicado y difícil de predecir. 

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