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Capacitar es prevenir

Publicado el 22/07/2016 en Noticias UCC

“En argentina la violencia familiar (VF)  ha dejado de ser tabú, comenta nuestra entrevistada Mirta Yocco, Lic. en Psicología por la UCC y especialista en el tema. Antes se consideraba algo del ámbito privado y en lo que nadie se tenía que meter, pero de a poco hemos ido avanzando porque se comenzó a hablar de eso y plantearlo como un problema social. Así es como se comenzaron a tender líneas de acción para paliarla.”

Yocco está a cargo de un curso sobre esta temática que comienza en agosto en nuestra facultad de Filosofía y Humanidades.

– ¿A qué se llama VF y cómo podemos detectarla?

–Se trata del dominio y autoritarismo de los aparentemente más fuertes hacia los más débiles en una familia. Lo más común es que nos enteremos de este tipo de situaciones cuando hay golpes o muertes, pero hay muchos tipos de violencia que es necesario conocerlas para ayudar. Pueden ser maltratos y abusos económicos o sexuales. A veces es muy difícil reconocerlo porque generalmente la familia violenta está aislada de la sociedad cortándose la relación con familiares y amigos. Además, es difícil que estén en un club, por ejemplo.

–¿Por qué se habla de familia violenta y no de persona violenta?

–Porque a veces en una familia el maltratado o abusado es uno solo y parece que los demás no se dan cuenta, pero esa situación hace que se mantenga un equilibrio inestable en toda la familia. Cuando por fin aparece o se detecta el problema, nos damos cuenta que inconscientemente todos los sabían. Ahí es cuando hay que ayudar a que ese integrante de la familia pueda recuperar su función.

Imaginemos a un padre que va preso por abusar de su hija. Ese padre deja a su familia desamparada económicamente pero también psicológicamente, porque el equilibrio de esa familia estaba organizado de esa manera. Por eso es necesario intervenir con personal capacitado estratégicamente ubicados dentro de la comunidad y por supuesto actuar lo antes posible.  

–¿El problema se asocia a ciertas clases socioeconómicas?

– No, se da en todas las clases sociales. El mito de que solo se da en las clases bajas a nivel económico o intelectual no es cierto. Además, estos sectores son los que más se animan a pedir ayuda, en cambio las clases altas tratan de esconderlo más, se atienden en lugares privados, y muchas veces se miente sobre la causa.

–¿Cómo se puede ayudar?

Todos podemos hacer algo: el vecino, el sacerdote, el médico, el pediatra. Los docentes son los detectores por excelencia. Antes si había un niño sometido, callado o que trataba de pasar desapercibido no se daban cuenta. Pero año a año se van preparando y piden ayuda para afrontar estos casos.

Muchas veces la ayuda se relaciona con la denuncia y la acción externa, pero esto debe comenzar con la educación y la orientación de la familia. El violento nace de la sociedad y de la familia.

Cuando hacemos capacitación ya estamos haciendo prevención porque vamos a tener una mirada más atenta. Que el tema deje de ser tabú y esté instalado ya es un avance muy importante porque eso implica que no tenemos que comenzar desde el principio.

–¿Donde está el límite entre la imposición de la autoridad y el maltrato?

– Básicamente, todo aquello que provoque un daño que no implique el respeto por el otro con su edad, sus características y posibilidades ya es dominio y es violencia. Yo no me voy a rasgar las vestiduras porque una madre le de un chirlo a un chico. En realidad pienso que sería mejor que no lo hiciera porque ¿cómo le va a enseñar esta mamá a su hijo que no le pegue al más chiquito si ella le pega a él?

–¿Quiénes son los más perjudicados?

Los más perjudicados en general son los más débiles: los niños y las mujeres pero también hay hombres golpeados. En general los ancianos y los que no pueden hablar. Se perjudica todo el grupo familiar y en general la sociedad.

–¿A qué aspectos está relacionado?

–Tenemos una sociedad violenta, la estamos viviendo y sufriendo y esto se retroalimenta con las familias violentas. Uno de los factores fundamentales es la intolerancia a la frustración. El padre violento quiere que el chico le obedezca ya y ahora y si no, le muestra su falta de autoritarismo. Por eso vemos un padre que puede ser violento con un bebé (esos son casos extremos). La verdad es que no hay recetas, lo único que tenemos es dinamismos para entenderlo.

–¿Qué pasa si uno duda de la situación? Puede hacer daño planteando un problema donde no lo hay.

En cuanto a esto yo creo que ante la duda hay que actuar. Hay algunos indicadores (específicos y no) de maltrato físico o de abuso sexual. Cualquier comportamiento divergente en un niño podría estar representando algún tipo de maltrato en su casa. Por ejemplo niños que abusan de otros, muchas veces es porque se están identificando con el agresor o niños que muestran un lenguaje muy raro que implica que han vivido cosas y que no las han visto en la televisión. En general los chicos no inventan esas cosas. Lamentablemente no hay una receta pero es más fácil que sea sobreseído un abusador a que un niño mienta.

–¿Cómo se intenta proteger y cómo aborda la ley e interviene la justicia?

–A partir de que en Córdoba se lanzó la ley de violencia familiar no solo obligó a poder detectar estos casos sino que se ayudó a proteger a los que detectaban y denunciaban. Antes solo los funcionarios podían denunciar.

–¿Qué le recomendaría a una víctima?

–Para empezar que pida ayuda porque esto da lugar a la intervención de un tercero pero como decía antes lo mejor es la prevención: todo empieza por educar a esa pareja que va a formar una familia o a ese bebé que nace. Ahora se hablan mucho de ayudar a los adolescentes porque muchas veces los maltratos se dan desde el noviazgo y se confunde violencia con celos.

–¿Es posible que haya un cambio en la conducta del agresor?

–Siempre hay posibilidades de que haya un cambio pero para eso es necesaria una sociedad preparada y tener una contención en toda la familia. Muchas veces sucede que se hace lo que llamamos el ciclo de la violencia conyugal porque el agresor pide disculpas, el agredido le cree y vuelve atrás y el problema muchas veces se repite.

–Respecto al curso que comienza en agosto en nuestra facultad de Filosofía y Humanidades. ¿A quiénes está dirigido y cuáles serán los temas que se abordarán?

– El curso está dirigido a profesionales del derecho (abogados, procuradores y jueces si fuera posible) y de la salud (médicos, psicólogos, fonoaudiólogos) porque todos ellos son detectores por excelencia y la capacitación ayuda a ver mejor y actuar. Los docentes también pueden estar interesados en hacer este curso y a los que estén cursando los últimos años de estas carreras.

Los temas que abordaremos serán una breve introducción sobre la criminología y la victimología y las funciones de la familia y sus disfuncionalidades. El maltrato por omisión, maltrato físico, abuso sexual y psicológico y el maltrato a ancianos (este es el orden en que se fue sistematizando tanto la detección como el tratamiento).

También veremos las leyes y nuevo código, el cuidado del equipo que trabaja con estos temas y la prevención. La idea es abordar y comentar casos.

Esá invitada una abogada muy reconocida en el tema: Rosario Hernández Medina  y la psicóloga Graciela Lucientes, también experta.

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