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Argentina después de las PASO

Publicado el 22/08/2019 en Noticias UCC

Los analistas políticos señalaron, y creo que con acierto, el dilema político-institucional que se abre con el resultado de las PASO: el casi decisivo triunfo del Frente de Todos sobre el gobierno. El vencedor y casi seguro futuro presidente no tiene ni legitimidad política ni legitimación social para reclamar el inicio de un ciclo de traspaso ordenado del poder, ya que las elecciones que lo consagrarían efectivamente como titular del Poder Ejecutivo recién tendrán lugar en octubre. Por su parte, el actual presidente se ha quedado casi sin capital político para poder conducir por sí mismo y con cierto éxito esta etapa de transición hasta las elecciones generales, pero sin embargo es el único que tiene el poder institucional para hacerlo.

Empate catastrófico

Mientras tanto, Fernández y Macri siguen siendo candidatos, con lo cual los incentivos para una cooperación "informal" entre ambos son muy bajos, por no decir nulos. En efecto, desde el punto de vista de la racionalidad de sus intereses político-electorales para Macri no es conveniente tomar medidas que parezcan instrucciones de Fernández (éste ya declaró que está dispuesto a decirle al presidente qué tiene que hacer) ya que esto implicaría una abdicación de hecho y el riesgo serio de obtener en octubre un porcentaje aún menor de votos por la fuga de integrantes de su núcleo duro de votantes que se sentirían traicionados.

Por las mismas razones, para Fernández sería perjudicial apoyar políticamente a Macri en las decisiones de política pública que tome de aquí en adelante si estas no implican un cambio sustancial de rumbo y se anuncian en el marco general de continuidad del programa económico del gobierno. Este "empate catastrófico" implica el riesgo de que los operadores financieros acentúen su comportamiento negativo e impulsen una dinámica de mayor y generalizada crisis económica.

Posibles escenarios

En este contexto, tanto por parte de analistas como de actores económicos importantes (particularmente vinculados a la producción industrial) surgieron dos posibles soluciones con las que no acuerdo, tanto por no ser viables como por sus implicancias en términos de la calidad de nuestra democracia.

Una es que Macri se olvide de la reelección y se concentre en la gobernabilidad hasta entregar el mando en diciembre. El problema con esta propuesta es que en octubre no solo se juega la elección presidencial sino también una gran cantidad de cargos legislativos, provinciales y municipales. Esta virtual abdicación del presidente implicaría la desaparición de una fuerza política que hoy representa un tercio de los votantes. Tal suicidio político no sólo sería irracional, sino que dejaría huérfanos en el campo electoral a una masa sustancial de la ciudadanía, con lo que esto significa en términos de deterioro de la legitimidad del sistema representativo.

La otra propuesta es que Macri y Fernández se muestren juntos y acuerden una serie de medidas de emergencia para esta etapa. El problema es que cualquier acuerdo de este tipo desconocería que el electorado de modo abrumadoramente mayoritario (más del 80%) se expresó a favor de dos programas u orientaciones generales de gobierno muy diferentes (la propuesta de centro representada por Lavagna, que podría pensarse como la expresión pre-electoral de este acuerdo post-electoral que alienta esta propuesta, obtuvo menos del 10%). La sociedad está dividida y se expresó electoralmente. Un intento de suturar esta división a partir de un acuerdo súper estructural entre cúpulas implicará también un daño profundo con imprevisibles consecuencias a la legitimidad del sistema representativo.

Preservar la legitimidad democrática

Desde mi punto de vista, lo único razonable y consistente con la preservación de la calidad de nuestro sistema político es que ambas fuerzas inicien sus campañas electorales, sosteniendo y clarificando sus propuestas pero, y este es el punto clave, desistiendo de la demonización, descalificación y deslegitimación del adversario (lo que no implica renunciar a señalar las diferencias ni a la crítica fundada y respetuosa). Tanto el discurso de hoy del presidente como las declaraciones de Fernández de que hará lo que esté a su alcance para que el gobierno termine su mandato van en este sentido. En la esencia de la democracia está la posibilidad de elegir entre alternativas reales de gobierno y la asunción de que el triunfo de cualquiera de estas alternativas no implica el advenimiento de una catástrofe social, económica y/o política inevitable. El mercado puede no acordar con alguna o ninguna de estas alternativas y comportarse en consecuencia. Las diferentes fuerzas políticas deberán resolver cómo lidiar con esto según el lugar institucional que les toque ocupar. Pero sacrificar la legitimidad democrática en el altar de los capitales especulativos no es otra cosa que vaciar la democracia de sustento y fundamento.


Por Marcelo Nazareno. Doctor en Ciencias Sociales. Director de nuestro Doctorado en Política y Gobierno. Investigador, profesor titular de Metodología y profesor adjunto de Análisis de Políticas Públicas en nuestra Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales. Profesor titular de Teoría Política en la UNC.

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