EE. UU. frente a los atentados de París

EE. UU. frente a los atentados de París

Publicado el 19/11/2015 en Especial La paz bajo amenaza

Por Mariano Saraviadesde Estados Unidos
Magíster en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Córdoba y docente de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba.

Todo el mundo está conmovido por los atentados múltiples de París del viernes 13 de noviembre, que dejaron 132 muertos. Aquí en Estados Unidos, donde me encuentro en este momento, los edificios públicos decoran sus fachadas con luces con los colores franceses y todos los medios hablan del tema, aunque el discurso que se repite no explica ni contextualiza nada. Como siempre, lo que le llega a la gente es la versión de los buenos contra los malos. Y el tema es utilizado por los precandidatos a presidente para hacer campaña, teniendo en cuenta que ya están al alcance de la vista las elecciones del 2016.

El más perjudicado fue el propio presidente Barack Obama, que el mismo viernes 13, horas antes de los atentados de París, había manifestado que el Estado Islámico no evidenciaba progresos. El hecho lo convirtió en blanco de los ataques de los precandidatos republicanos que propugnan por implementar políticas más agresivas y aprovecharon la ocasión para reforzar su hipótesis de que la política tibia de su actual presidente, es una amenaza para los estadounidenses.

Por su parte, Obama tuvo que aceptar de mala gana formar una coalición bélica junto con Rusia en contra de los terroristas del EI. Aquí también quedó mal parado, ya que su principal objetivo de los últimos años ha sido aislar y acorralar a Moscú.

Para hacer un poco de memoria, toda esta historia empieza con la obsesión de Estados Unidos y sus socios occidentales por combatir a Rusia y a sus aliados tácticos: Irán, Hezbollah y Siria. No olvidemos que hace dos años, Estados Unidos estuvo a punto de bombardear Siria, con la excusa de destruir los arsenales de armas químicas del gobierno de Bachar Al Assad. Esa guerra fue evitada in extremis por el propio gobierno de Vladimir Putin. Luego de ver frustrados sus planes bélicos contra Siria, la estrategia occidental cambió y apuntaron todos sus esfuerzos a fortalecer a la oposición siria, donde había desde moderados democráticos hasta extremistas. Uno de esos grupos era una facción de Al Qaeda formada principalmente por militares desmovilizados luego de la invasión norteamericana, gente que había estado con el régimen de Saddam Hussein y que luego no tuvo lugar en las nuevas fuerzas armadas iraquíes. Atraídos por el financiamiento occidental, pero sobre todo por el caos reinante en Siria, estos grupos empezaron a ganar terreno, y conquistar territorios. Recibieron además, mercenarios de todo el mundo y la estrategia fue virando hacia la constitución de un verdadero Estado, que hoy ocupa un espacio, tiene población, maneja poder, presupuesto, cobra impuestos y tiene financiamiento principalmente vía el comercio exterior del petróleo que maneja.

Así las cosas, no es creíble Obama cuando repite que quiere ser el presidente que sea recordado por terminar guerras y no por empezarlas. Las últimas declaraciones del presidente ratificaron que mantendrá la estrategia de bombardear a EI desde el cielo y desde el mar, pero que no prevé mandar tropas al terreno, porque no quiere que le suceda lo mismo que sucedió en Irak. Esta también es una aceptación de su debilidad relativa o bien de la fortaleza de los terroristas. Cabe destacar que Rusia, en el último mes ha hecho más que Occidente en un año contra el EI aunque difícilmente lo venzan sin una incursión en el terreno.

Por otro lado, la campaña electoral con vistas al año próximo se está fagocitando la crisis planteada por los atentados de París, y los precandidatos aprovechan para atacar a un Obama que ha cometido el peor de los pecados en política internacional: quedarse a mitad de camino. El ambiente está propicio para un nuevo giro a la extrema derecha, como ya ocurrió en este país luego de los atentados contra las Torres Gemelas.

La mayoría de los precandidatos republicanos coinciden en la política belicista que caracteriza a Estados Unidos. En esa línea se inscriben Ted Cruz, Marco Rubio y Jeb Bush (hijo y hermano de antiguos presidentes). Incluso la precandidata demócrata mejor posicionada Hillary Clinton, que viene derechizando su discurso en cuanto a política exterior.

En todo el abanico político sólo hay dos precandidatos que dicen algo distinto con respecto a los recientes atentados. Por un lado Bernie Sanders, el precandidato demócrata que marcha segundo en las encuestas de la interna de su partido, quien pareciera intentar arar en el desierto al explicar y contextualizar los fenómenos, en un país donde eso no existe. Sanders dice que esto que estamos viendo está ocurriendo en realidad por la invasión de Irak de 2003 y por todas las políticas imperialistas de Estados Unidos en la historia, pero principalmente en los últimos años.

Desde el otro extremo ideológico, Donald Trump, quien también está segundo pero en la interna republicana, dice que lo de París ocurrió porque los franceses no pueden armarse en defensa propia. Además, llamó loco a Obama por querer recibir a 250 mil refugiados sirios.

Y esta escalada de violencia y la amenaza del terror le vienen perfecto a este candidato para exacerbar su diatriba xenófoba. Los discursos extremos se retroalimentan y se necesitan, como se retroalimentaban y necesitaban en otros tiempos no muy lejanos Osama Bin Laden y George W. Bush. Así funciona el terrorismo, sembrando el terror indiscriminadamente.

Aquí, en la costa oeste de Estados Unidos, uno habla con la gente y encuentra opiniones diferentes. Está el que se sigue el discurso extremo de Donald Trump. Está el que dice: “Esto nos pasa porque vivimos de fabricar armas y guerras y estamos metiendo nuestras narices en todo el mundo”. Pero la mayoría repite el discurso de los medios de comunicación y de la media de los precandidatos (republicanos y demócratas): “Somos los buenos de la película y debemos ir por el mundo poniendo orden y combatiendo al mal”.

Existe el miedo, cómo no. Pero se podría decir que es un miedo moderado, por ahora. 









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